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lunes, 19 de diciembre de 2011

Villancico en movimiento contrario

Shofars o Trompetas de Jericó
¿Sabes ir a Belén? Sería bueno llevar alguna indicación antes de salir de casa, porque perderse en este mundo es fácil, y más si vas tú sólo –por ejemplo, a Oncología infantil. Alguien me dio algunas respuestas:

HACIA ABAJO (‘…baja hasta el valle que la nieve cubrió’).
Para encontrarse con Belén parece que hay que bajar. Bajar a la debilidad humana incapaz de andar sino arrastrándose por un pasillito, de no poder ponerme en pie y tener que llevarme en un sillón, ni de aguantar unas panderetas porque me martillean la cabeza – dice Mª Elena. Bajar a una vida sin privilegios, ni títulos, ni triunfos, ni baños de multitudes. Un teclado y tres o cuatro voces que apenas balbucean unas letras. Belén está en los que no saben, no pueden, no tienen;  sin palabras, desarmados, ‘polvo serán, mas polvo enamorado’. Allí se escuchan unas voces que vienen de lo alto hacia lo bajo, las voces del coro de Roberto que descienden a unos niños tapados con mascarillas: ‘No te quieres enterar –ye, ye- de que llegó Navidad’. ¿Por aquí se va a Belén? Más bien me parece a mí que ‘por aquí se va a Madrid’... Pero sí: el mapa dice bien claro que a Belén se va por aquí. Por eso me traje para el camino unos shofars -las trompetas de Jericó-, porque ya veo que en el trayecto a Belén hay mucho de obstáculos y de muros-nieblas (los problemas oculares son muy de Jericó), sobre todo en este invierno humano.

CERCA (‘Madre en la puerta hay un niño…’).
En tu aquí y tu ahora, nada de hace dos mil años – que también- ni allá donde Dios perdió… la cabeza, diría San Pablo. El regazo de Ana en el que Carlota apoya su sueño, el de una Noche de Paz deseada desde todas las noches; la enfermera que atiende a Bruno al son de unas fanfarrias navideñas;  el naranjo del huerto de casa para hacerle un zumo a mi Antonio; María, enfermera-pianista, que se sienta conmigo a improvisar una tonadilla alegrando a Zaida un desayuno rutinario. Cerca están las teclas de la canción que aprende Antonio, las rodillas de mamá para trotar el arre borriquito, el Danubio Azul de Año Nuevo, a mano los villancicos, tu habitación. Alivia pensar que Belén está cerca.

DENTRO (‘En el Portal de Belén…’).
En lo oculto, en lo escondido están las cosas de Belén. A veces tan ocultas… Pero no cabe duda que dentro. Bruno se despierta al oír mi teclado al otro lado del cristal –mirada fija, morfina a parte; y su interior está mejorando estos días pese a un exterior rasgado que no mueve a la ilusión. Un ‘gracias por todo’ que sale de lo hondo de Ana en la penumbra, un rezo por ti, Antonio que no quiere muchos roces con la música y acaba tocando su pequeña melodía en mi teclado, música en la habitación. Y todo el día atravesado-alterado en mi adentro por impresiones de estas vidas. Belén se juega en el corazón, no en la mente. Por eso, en mi zurrón de pastorcillo peregrino llevo un buen turrón-confianza, que me ayuda tremendamente a seguir las indicaciones que me han dado para el camino.
¿Me podrías dar alguna indicación más?

Paco Cánovas . Colaborador del proyecto "Una orquesta en la Maleta"

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